Capítulo 40.
En la entrada del ascensor.

El tiempo parece haberse detenido.

En ese momento León la observa.

Aitana tiene la vista perdida, sus manos temblorosas, solamente aferrándose a un cuchillo ensangrentado.

— ¿Estás bien?— Cuestiona con la voz quebrada— Sólo dime si te encuentras bien.

No obtiene respuesta de Aitana.

Al comprenderlo y escuchar pasos acercándose, comienza a guiarla, evitando que cualquiera la vea.

Y la coloca en el auto, para llevarla a una clínica en particular.

Necesitaba atención. Y en el momento en el que se suben, inicia una llamada.

— Pacheco…— Responde una voz femenina del otro lado de la línea.

— Bea, escúchame bien. Necesito que atiendas y revises a una mujer que estoy a punto de llevar. No sé qué pasó, no sé qué sucedió, pero está bañada en sangre.

— Tranquilo. Pachaco, aquí la reviso.

Momentos después ya se encontraban en una sala de revisión en una clínica exclusiva de la ciudad.

En ese momento la doctora, una joven, pelirroja, con la piel pálida, se encuentra obs
Alana Aguilar

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