Era una llamada de Nadia. Su voz sonó muy triste:
—Celeste, ¿Lorenzo ya te contó todo sobre mí? ¿Tú también me ves con malos ojos como los demás?
Celeste se sorprendió de que realmente le gustaran las mujeres, pero también sintió un poco de lástima.
—No pienso así, solo te gustan las chicas, no es un crimen. No tienes que preocuparte por lo que piensen los demás.
—¿De verdad? ¡Celeste, sabía que eres diferente a esa gente común! Entonces, ¿quieres ser mi amiga?
—¿Qué?
—¿No quieres...? Ya sabes