“¡Tomando el control del territorio de la Manada Luna Brillante!”, exclamó Cole, sentándose en el auto y colocándome en su regazo. Me rodeó con sus brazos, acercándome a su pecho, mientras sentía su aliento cálido rozando mis orejas y mejillas.
Eso fue lo último que oí, pues a partir de ese momento perdí y recuperé la conciencia intermitentemente. Era como un ciclo sin fin, donde mi mente y mi corazón se confundían, sin saber si estaba soñando o era real. Daba miedo y solo quería despertar, per