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—Bix —jadeó Oran, con la expresión de alguien a quien habían pillado engañando a su mujer.

—Gamma Bix, yo solo estaba… —intentó explicar, pero Bix la interrumpió.

—¿Por qué te ves tan culpable? Solo estoy aquí para ayudarte —le dedicó una sonrisa fingida que no le llegaba a los ojos—. Le gusta lo rudo y salvaje. Le gustan las posiciones sucias y, lo más importante, no le gustan las vaginas, le gustan los culos. ¿Qué te parece si te doy la contraseña de su casa para esta noche?

El rostro de la m
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