Julien volvió unos minutos más tarde, como prometió. —La Sopa de Langosta está en camino. —Luego levantó una ceja—. ¿Algo más, Mi Reina?
—Umm... Me gusta mucho cómo suena eso —bromeó Lacey.
—Mi Reina... —Él besó sus labios—. Mi Reina... —Su voz era baja, sexy, enviando un escalofrío por todo su cuerpo directo a su sexo—. Mi Reina —susurró, sus manos acariciando suavemente su rostro. Entonces sus labios descendieron sobre los de ella, suavemente al principio, pero luego con una fiereza inigua