—Bien… —acomodó un bolso negro que llevaba en su espalda— Oye… lo que pasó hoy, Alejandro es así, regaña a todo el mundo, se cree el Don Perfecto y todos lo saben —sonrió y sus ojos se achicaron—. Somos nuevos, cometemos errores, sólo… debes estar más atenta a los niños que son tremendos y no volverá a pasar. —Meditó un poco—. Eres una gran profesora, se nota que esto te gusta mucho, así que… estoy seguro que superarás a Alejandro en el futuro.
Sentí mi corazón retumbar mientras lo veía marchar