98. Una casa más grande
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Zaira
Como ya había llegado a un acuerdo con mi madre, comenzamos a empacar. Las niñas estaban felices, brincando por todos lados mientras decían que "ayudaban", aunque en realidad estaban más entretenidas sacando cosas de las cajas que metiéndolas dentro.
El timbre sonó, y pensé que era la comida que había pedido. Gabriel había viajado para una cita de negocios, así que le dije que adelantaríamos todo.
Recordé antes de que se fuera cómo las niñas prácticamente lo empujaron hacia la salida.