96. Tres turnos pesados
96
Selena
Apreté mis manos en puños hasta que mis uñas casi perforaron mi piel. El dolor me devolvió un poco de claridad, pero aún sentía que podía desmayarme en cualquier momento.
—Señora Lennox, insisto, y parece que no me entiende —dije con la voz tensa—. Me fui a Alemania, tomé un avión para alejarme de su bastardo de nieto, y él hizo que lo devolvieran. Me atrapó de nuevo en su casa, sabe cada paso que doy. Puede que se case con otra mujer, pero, al parecer, solo la muerte puede separar