48. Cásate con ella
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Gabriel
Nada de lo que pasó esta noche estaba destinado a ocurrir. Y, sin embargo, aquí estaba, sentado en un frío y lúgubre pasillo del hospital, con la cabeza hecha un caos. No podía pensar en otra cosa más que en mi madre, en esa cama de hospital, luchando por su vida.
A mi lado, mi padre, Jonás Seraphiel, estaba sentado en silencio. Parecía haber envejecido cinco años en menos de dos horas. Su postura, siempre firme y elegante, ahora era encorvada y abatida. Me resultaba difícil verl