39. Deudas
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Helen
Era justo que estuviera aquí. Llevaba varios días sin saber de mi hija y, además, aprovecharía para pedir ayuda a mi futuro yerno. Eso era lo correcto, ¿no? Mientras caminaba hacia la entrada principal de la mansión Seraphiel, el guardia de seguridad me miraba con evidente extrañeza, como si fuera una intrusa.
—Señora, ¿qué desea? —preguntó con un tono seco.
Levanté el mentón, sintiéndome llena de orgullo.
—Ver a Gabriel Seraphiel. Es mi futuro yerno —respondí con seguridad.
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