31. Llamadas perdidas
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Zaira
Creo que se está volviendo una costumbre quedar sin fuerzas después de sus “enseñanzas” mientras él, en cambio, parecía tan lleno de energía. Estaba completamente desnuda, tirada en el asiento trasero del auto, tratando de recuperar algo de dignidad, aunque fuera inútil.
—Eres un succionador de energías —me quejé, logrando que mi voz sonara lo más firme posible.
Escuché su risita baja desde el asiento del conductor, lo cual fue suficiente para que mi corazón diera un vuelco.
—Tengo