22. Tan grosera
22
Zaira
Cuando llegué al trabajo, me sentía un manojo de nervios. Angustiada, con el estómago revuelto y las manos sudorosas, apenas podía concentrarme en lo que estaba haciendo.
“¿Tenía que hablar con el señor Seraphiel… debía decirle sobre mi…? no, no podía ni pensarlo” pensé. Solo pensarlo.
“Si no lo digo no es real si no lo digo no es real” pensaba una y otra vez.
Decirlo en voz alta sería hacerlo real, y no estaba preparada para enfrentar eso.
Si Karen estuviera aquí, segurament