El carro se empapa, los zapatos de Rebecca, el pecho de Liam, en cuestión de segundos se encuentran todos resbaladizos y pegajosos. Ella suelta el botón en cuanto se da cuenta del desastre que está haciendo pero ya es demasiado tarde y se queda observando a su jefe horrorizada.
—¡Dios mío! Discúlpame por favor, no fue mi intención, no tengo idea de qué me pasó —Liam se queda parpadeando sorprendido durante varios segundos antes de empezar a desabotonarse la camisa— ¿Qué estás haciendo ahora? —l