GIANNA
—Hmm… eso se siente bien —murmuró Vik mientras echaba su cuerpo hacia atrás con ligereza.
Hacía unos minutos que mi lengua jugaba con su erección a placer, aunque recién comenzaba lo bueno.
Sus ronroneos ocasionales me incitaron a avanzar un poco más y, para cuando pude dejarlo entrar hasta la mitad, sin dejar de mover la mano y acariciar también el resto de su parte baja, soltó un fuerte respingo que me sirvió de aliciente para continuar.
—Gia… tu lengua es genial… —masculló con voz ron