Cap. 222: Besos a escondidas.
Leonor tragó saliva, acorralada por su propia trampa, pero su orgullo de condesa la hizo intentar recuperar el control. Se puso de pie, quedando tan cerca de él que sus pechos casi se rozaban.
—Eso a ti no te importa, Nikolai. Eres mi empleado, no tienes derecho a cuestionarme ni a controlar mi vida.
—He sido su empleado durante quince años, Leonor —replicó él, rompiendo toda barrera de etiqueta al llamarla por su nombre de pila, con una fuerza que la hizo estremecer—. Quince años en los que me