Dominic se adelantó unos pasos y abrió la puerta de su deportivo con un gesto fluido, esperando que Grace subiera. Se quedó sosteniendo la manija, pero ella ni siquiera se detuvo. Con la barbilla en alto y un paso decidido, Grace pasó de largo y caminó hacia la camioneta negra donde el chofer ya mantenía la puerta abierta.
Subió al asiento trasero sin mirar atrás.
—Al banco —ordenó Grace con voz seca.
Dominic se quedó estático un segundo, con la mano aún en su auto, procesando el desplante. Rea