Litza Cooper
Un mes después…
—¡Mamá! ¡Mamá! —Corro por el pasillo hacia la cocina al escuchar su llanto—, le pasa algo al abuelo —lo escucho decir e ingreso a la sala, me arrodillo enseguida frente a mi padre que tiene su mano en su pecho.
—¡Carmen! ¡Llama una ambulancia! —Grito—, papá, por favor despierta —las lágrimas no tardan en bajar por mis mejillas al ver que no reacciona—. ¡Papá! ¡Despierta! —le grito, no sé cuánto tiempo transcurre hasta que llega los paramédicos.
—Aléjese señora —