Kalen Archer
Golpeo, golpeo, golpeo, no me canso de pegar con una fuerza abrumadora aquel saco de box hasta que mi puño encaja tan profundo que termina rompiendo la bolsa y la hare cae desparramada por el suelo del gimnasio personal que tenemos en la mansión. A la distancia mi padre que estaba corriendo en la caminadora me observa con sus cejas alzadas.
—¿Algo que decir, Kalen? —interroga tan autoritario como siempre, sin embargo, con ese deje de ternura paternal que solo dirige a sus hijos. Su