Tomé mi bolso y salí del baño. Mi abuelo me esperaba con un café, mientras Eduard ya se había ido. Dudaba entre ir a la empresa o esperar a que mi abuela despertara, pero decidí acompañar a mi abuelo. Había resuelto todo en la oficina antes de venir, así que Eduard no notaría mi ausencia.
Las horas pasaron rápidamente, y el médico nos permitió ver a mi abuela. Al entrar a la sala, la abracé con fuerza y le dejé un beso en la mejilla.
—Qué bueno que estés mejor, abuela —le dije, acariciando su ca