Capítulo XXVIII Siempre hay, un día siguiente.
Roy.
Nada, nada era comparado a esto, ninguna mujer era capaz de hacerme perder el juicio así, como esa bruja de ojos cambiantes. Con ella sobre mí, después de sorprender como nadie, tomando la iniciativa, como una autentica tigresa, y tras quedarnos desnudos los dos, sin pensarlo, sabiendo que ambos apreciábamos los que veíamos delante, nuestras miradas se clavaron en el otro.
Fuego y hielo enfrentados, queriendo consumirse en unos al otro. El cuerpo de esa bruja tenía todo lo que yo deseaba