Punto de vista de Zara
La niebla de la tarde fluía a mi alrededor como un río. Allí, en el bosque tras nuestro porche trasero, se estancaba y formaba remolinos bajo los altos abetos. Envolví mi cuerpo con mi suéter y esperé. No tardó mucho.
—No eres Ryan —dijo el renegado de un solo ojo mientras salía al sendero.
—¿Decepcionado? —pregunté—. Sé cuánto disfrutaban de sus noches de lobos.
El renegado soltó una carcajada mientras se acercaba.
—Eres audaz al mostrarme la cara después de haber ca