—¡Lillian! —les hice una señal a Tegan y a los guerreros que había traído para que bajaran la guardia, y corrí a su encuentro—. ¿A dónde se ha ido?
Ella me dio un fuerte abrazo.
—Hemos estado tan preocupadas por ti —dijo con sentimiento contra mi hombro mientras nos abrazábamos—. Zara y tu madrastra no dejaban de traerle noticias de que estabas siendo maltratada en Lobo Nocturno. Yo le dije que Zara miente, pero ella no podía sacarse sus palabras de la cabeza.
Sorbió por la nariz y se limpió