Diez años de olvido, de dejar que el recuerdo se desdibujara y se desvaneciera hasta que ya no podía confiar en mi propia cabeza, y ahora lo tenía de vuelta, y esta vez no lo iba a dejar ir.
Esa era la cuestión. La bruja no sabía lo del cabello de plata. No podía saberlo. Fuera lo que fuese, jamás había sido tocada por la luz de la Diosa de la Luna, no realmente. Vivía en algún lugar profundo y oscuro bajo la tierra, donde la luna nunca había llegado.
Había hecho todo lo demás a la perfección.