—Confié en ti —dije, dándome la vuelta—. Te di el beneficio de la duda después de todo lo que pasó porque pensé que todavía eras el lobo que me importaba, el que cuidó de mí y de mi hijo cuando más lo necesitamos. Pero al final resulta que eres tan retorcido y manipulador como pensaba. Todo este tiempo temiendo que Gideon fuera a quien debía tenerle miedo, y solo eras tú desde el principio.
Con eso, caminé hacia la puerta y la abrí de par en par otra vez. Una pequeña multitud se había reunido e