Ella sonrió y salió de detrás del mostrador.
—Qué detalle. ¿Dónde vive ella?
—En la ciudad humana. Es humana.
La loba echó la cabeza hacia atrás.
—Ah, entonces no tendremos nada para ella aquí.
—¿Qué? —pregunté—. ¿Por qué no?
La loba no parecía malintencionada, de hecho lucía un poco apenada, cuando dijo:
—Todo lo que elaboro aquí está formulado para nosotros. Para hombres lobo. La concentración de los botánicos reacciona mal en la piel humana. Las plantas que usamos son mucho más fuer