Por mi culpa.
El pensamiento cayó como un golpe seco en mi estómago.
¿Realmente Gideon había estado buscándome todo este tiempo? ¿Desgastándose hasta el cansancio, arriesgando a su manada, solo para encontrarme?
Por un momento, mi corazón dio un vuelco y mi loba se agitó mientras observaba a Gideon dar vueltas por el ring, tensando sus musculosos y desnudos hombros.
Pero rápidamente aplaqué ese sentimiento.
Él solo había querido un heredero. Y ahora, ese heredero era un cachorro de diez año