Él sí bajó los pies, pero lo hizo muy lentamente, como si implicara un esfuerzo enorme. Luego, apoyó la cabeza sobre sus antebrazos en la mesa y soltó un pesado suspiro.
Sonreí al equipo de Hartwell.
—Les pido una disculpa. Continuemos.
Continuamos, y durante unos cuatro minutos más Bjorn estuvo callado otra vez, hasta que comenzó a roncar.
A todo volumen.
Cerré mi carpeta y me puse de pie.
—¿Podrían darnos un solo momento? —les pedí a la sala, haciendo mi mejor esfuerzo por no mostrar mi