—Ya veo… Bueno, mi nombre es Lindsey. O… lo era. Todos los esclavos usamos números en su lugar. Yo soy la sesenta y cuatro.
—Es un placer conocerte, Lindsey —parecía estar un poco mejor, así que la ayudé a levantarse, sujetándola de los brazos para estabilizarla. Decidí aprovechar mi oportunidad en ese momento.
Mirando por encima de mi hombro, vi que mi guerrero estaba preocupado con una cabra que se había escapado y que actualmente le estaba dando topetazos en las espinillas con sus cuernos