Él tomó mi mano y colocó el parche en mi palma. Todavía estaba tibio por haber estado apoyado en su rostro. Forzó mis dedos para que lo envolvieran y apretó con fuerza, tan fuerte que dolía.
—¿No quieres ser mi reina?
—Nunca seré tu Reina Renegada.
Él resopló.
—Por supuesto que no. Jamás esperaría que una princesa licántropa se rebajara al estatus de una renegada. Pero te aparearás conmigo, Avery, y parirás a mis cachorros. Tal como nuestros padres planearon. Me temo que no tienes opción en