—No hay lugar para las emociones en lo que sucede entre un Alfa y su Luna —dijo Gideon con severidad—. Has dado tu promesa. Una buena Luna no tiene espacio para los celos; admito que estoy sorprendido.
Fácil de decir para él. ¡Esto venía del macho que se ponía furioso cada vez que yo me acercaba a otro lobo! ¡Maldito sea este Alfa hipócrita, maldito mi hechizo, maldita su compañera destinada con su pésimo sentido de la oportunidad, y maldita sea yo por ser lo suficientemente estúpida como para