Ariel miró la puerta por donde Kane había salido, y estaba prácticamente echando espuma por la boca. Su puño se apretó con rabia, y quería hacer algo.
Como golpear la pared o gritar hasta quedarse sin voz.
—Dios, lo odio —murmuró—. ¿Cree que es dueño de mí solo porque es mi tutor? Noticia de última hora: yo no pedí que me adoptaran.
Podía parecer desagradecida, pero esa era la verdad.
—Shhh, no digas eso —intentó advertirle Toby, pero Ariel no estaba dispuesta a escuchar.
—Oh, ¿y qué va a hacer