Di un sorbo a mi chocolate caliente, moviéndome incómodamente en la silla. Incluso con la pomada que Dominic se había encargado de poner en mi trasero, aún sentía mi piel arder mucho. Un montón.
¡Señor! ¿Por qué Dominic tenía que ser un maldito sádico sexual? ¿No bastaba con sentir placer al quitar vidas, y además le gustaba practicar BDSM?
Mierda. Solo esperaba que nunca más quisiera llevarme a esa maldita habitación o le diera por pincharme con agujas.
— ¿Señora? —oí a Valesca llamarme.
— ¿Qu