Tuve que desviar mis ojos de su sonrisa para poder responder sin flaquear.
— No hables de nuestra vida sexual cerca de otras personas, Dominic. — Me quejé en un susurro, mirando de reojo a mi desvergonzado marido. — ¿No te da vergüenza? — Pregunté retóricamente, indignada por su falta de pudor.
Estaba enfadada por su falta de vergüenza y al mismo tiempo triste conmigo misma por ser tan débil. Sabía que si miraba demasiado esa sonrisa perversa, terminaría en la cama con él follándome con fuerza