— No. — Respondí seco cuando lo pillé mirando a mi Luisa más tiempo del que debía.
Pero el humor de Luisa parecía peor que el mío, especialmente al ver a la chica sangrando en el suelo.
— No necesitas controlarte, mi ángel. — Susurré contra su oído cuando se movió ansiosa, con una mirada violenta. — Sé que quieres matarlo, así que hazlo. No te contengas.
— No lo mataré. Necesito tener una conversación con el Esposito. — Respondió con expresión sombría aunque intentara controlarse, irritada