Narrado por Luisa
Cuando Lilian estaba aquí, las cosas me eran más fáciles. Tenía alguien que me apoyara al caminar, impidiéndome caer de cara al suelo. Pero no ahora.
Lilian ya se había ido a su casa, y de Isabella no quería ayuda para caminar — no es como si fuera una inválida.
Entonces, cuando Lilian me dejó sola en la habitación que ahora el maldito decía que era nuestra, pasé las últimas dos horas intentando caminar con las muletas. Y debo decir: ocho caídas fue lo que llevaba entrenando