Luisa era mi angelito.
Mi única y dulce obsesión, mi adicción.
Solo al mirar su bello rostro, sentía un sentimiento oscuro invadirme: pura posesión. Día tras día, conforme pasaba el tiempo, más mi deseo de poseerla de dentro hacia fuera me corroía – algo mucho más oscuro y fuerte que el amor.
Obsesión. Estaba completamente obsesionado por ella. Su personalidad, belleza y naturaleza me fascinaban. Y ella me tenía en la palma de su mano. Luisa poseía algo que nunca pensé tener: mi oscuro corazón.