CAPÍTULO Cincuenta y Ocho

Se dio dos horas. Ya había pasado el punto de enfado en el que el tiempo lo enfriaba. Se dio dos horas para sentarse con lo que había visto en esa escalera y sentir todo el peso antes de entrar en una habitación con Amelia, porque sabía que la conversación que estaba a punto de tener requería la clase de claridad que solo llegaba después de que la primera oleada de sentimiento hubiera pasado.

Pasó esas dos horas pensando.

No leyó. No revisó documentos. Se sentó en la silla junto a la ventana y
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