Pasaron un par de días más, Franco seguía decayendo en su salud y los doctores le habían dicho a Zoe que ya no quedaba nada por hacer más que esperar a que le llegara el momento.
Está sentada allí, con la vista fija en su mano aferrada a la de su abuelo, cuando Carlo entra a la habitación su corazón se estruja por completo, al ver a su prima en aquellas condiciones.
—Zoe… prima, por favor, ve a comer algo, yo me quedaré con el abuelo.
—No… —dice en un susurro perdido.
Carlo no insiste, porqu