Capítulo siete: Santuario fracturado.
Punto de vista de Isabella
—¡No la toques! —gritó uno de los guardias, pero a Arielle no le importó y empujó a otro guardia con una fuerza sorprendente, agitando los brazos mientras se abría paso entre la multitud de hombres de traje.
Las cámaras destellaban sin cesar a nuestro alrededor, los reporteros se acercaban en enjambre y los micrófonos se lanzaban hacia adelante como armas.
La fachada perfecta que acabábamos de presentar al mundo se estaba resquebrajando ante sus ojos.
Se me encogió