Brenda y Haidar salieron tomados de la mano aquella tarde, paseando por las calles de Nueva York. Los transeúntes caminaban apresurados a su lado, cada uno siguiendo su propio rumbo, mientras ellos disfrutaban de un momento tan simple y al mismo tiempo tan significativo: caminar juntos, tomados de la mano y disfrutando de la compañía mutua.
Haidar, siempre atento, mantenía su mirada en ella, asegurándose de que estuviera cómoda y feliz. Sin embargo, después de un rato, Brenda comenzó a sentir