Ahora era su turno. Manuel me citó en una cafetería. El lugar era agradable, con un ambiente lujoso que combinaba perfectamente con su fachada de aparentar riqueza sin tenerla. Se había arreglado meticulosamente para la ocasión, vestido con un traje elegante y el cabello perfectamente peinado, aunque sus mejillas hundidas revelaban que no lo había estado pasando bien últimamente.
Apenas me senté, se apresuró a servirme agua.
—Recuerdo muy bien que no te gusta el agua con limón, por eso pedí esp