Después de la cremación de mi hijo, me desmayé. Cuando volví a abrir los ojos, ya ni supe cuánto tiempo había pasado. Desorientada, abrazando las cenizas de mi hijo, me encontraba sentada en la suite presidencial más lujosa de DF, observando la guerra que Manuel y Viviana libraban en internet.
Viviana había expuesto las relaciones turbias que Manuel mantuvo con varias estudiantes durante su época universitaria en el extranjero. No solo tenía pruebas y fotos, sino que había organizado una cronolo