Julián la tomó de la cintura con fuerza, pegándola a él de un tirón.
—¿Ah, sí? —murmuró él.
—Me gustan los hombres que saben lo que quieren —admitió ella, rodeándole el cuello con los brazos—. Sobre todo cuando son tan implacables en los negocios como en la intimidad. Te extrañaba, Julián. Extrañaba