Capítulo 3

(Un día antes)

Chloe se quedó petrificada en su lugar, viendo cómo la espalda de su marido se alejaba junto a la mujer que, hasta hace cinco minutos, ella consideraba simplemente una empleada.

El aire en el salón se sentía cada vez más escaso. Podía sentir el calor de la vergüenza subiendo por su cuello, mientras los cuchicheos de los invitados formaban un ruido blanco que amenazaba con ensordecerla.

Intentó recuperar la compostura. Se obligó a respirar hondo, a erguir la espalda y a sostener su copa de cristal con una mano que no dejara ver su temblor.

"No llores aquí", se ordenó a sí misma.

Estaba a punto de dirigirse hacia la salida para tomar un poco de aire cuando una figura se interpuso en su camino.

Era Amber. Julian ya no estaba con ella; seguramente se había ido a saludar a los accionistas, dejándola libre para terminar su trabajo de destrucción emocional.

—Oh, Chloe, querida... lo lamento tanto —dijo Amber, acercándose con una expresión de fingida preocupación —. Julian a veces puede ser tan... brusco cuando está bajo presión. No debiste tomar a mal lo que viste.

Chloe la miró de arriba abajo, tratando de encontrar el rastro de la mujer que solía enviarle flores de parte de su marido. Ahora solo veía a una bruja.

—No necesito que me expliques el comportamiento de mi esposo, Amber —respondió Chloe—. Lo que necesito es que entiendas cuál es tu lugar en esta empresa. Y tocar a tu jefe de esa manera, definitivamente no es parte de tus funciones.

Amber no se inmutó. Al contrario, soltó una risita suave y se acercó un poco más, invadiendo el espacio de Chloe. El aroma de su perfume, dulce y empalagoso, inundó sus sentidos.

—Tienes razón, lo siento —dijo Amber, aunque sus ojos brillaban con una luz burlona—. Es solo que hoy ha sido un día de locos. No tienes idea del caos que hubo antes de la gala. El traje que Julian mandó a pedir a Italia se retrasó en la aduana y él entró en una crisis total. Estaba furioso, gritando por toda la oficina.

Chloe parpadeó, confundida. Julian no le había mencionado nada de eso esa mañana.

—Como vi que estaba tan desesperado —continuó Amber, disfrutando de la atención de Chloe—, tuve que correr a la boutique de emergencia y conseguirle este esmoquin. Tuve que ayudarlo a vestirse a contrarreloj en su despacho privado para que llegara a tiempo. Por eso estábamos tan... cercanos. Estábamos celebrando que logramos salvar el evento. Julian se pone muy cariñoso cuando está agradecido, ya sabes cómo es de impulsivo.

Cada palabra de Amber era como un alfiler clavado en su pecho. La imagen de su esposo a solas con esta mujer, dejándose ayudar con la ropa, la hacía llenarse rabiar. Esa intimidad era algo que Chloe no experimentaba con él desde hacía meses.

—¿Lo ayudaste a vestirse? —logró preguntar Chloe, sintiendo que su voz fallaba.

—¡Ay, Chloe! —Amber soltó una carcajada y le dio un toquecito juguetón en el hombro—. ¡No me digas que estás pensando mal! Por favor, no creerás que Julian y yo tenemos algo, ¿verdad? ¡Eso sería una locura! Somos amigos. Él te ama a ti, yo solo soy la que se asegura de que su vida no se caiga a pedazos mientras tú... bueno, mientras tú estás en casa.

Amber la miró fijamente, esperando una reacción. Chloe buscó un rastro de mentira, pero la asistente mantenía un antifaz de inocencia perfecta.

—Fue solo una broma, tonta —añadió Amber, suavizando el tono—. No seas tan dramática. Si hubiera algo entre nosotros, no te lo estaría contando así de frente, ¿no crees? Relájate. Julian me ve como a una hermana.

Por un momento, Chloe quiso creerle. Necesitaba creerle. La idea de que su matrimonio fuera una mentira era demasiado aterradora para procesarla allí mismo.

Quizás Amber solo era una mujer sin filtros y Julian simplemente se había apoyado en ella por el estrés.

“¿Será que mis inseguridades me están volviendo loca?”, pensó Chloe.

—Supongo que tienes razón —murmuró Chloe, tratando de convencerse—. Es solo que... la forma en que se miraban...

—Puros nervios por el éxito de la gala, te lo juro —insistió Amber—. Ahora, anda, ve con él. Dale un beso y demúestrale que confías en él. A los hombres como Julian les agota lidiar con esposas celosas.

Chloe asintió, sintiéndose pequeña y tonta. Amber le dio una última palmadita y se alejó con paso elegante. Sin embargo, en cuanto le dio la espalda, su sonrisa se transformó en desprecio absoluto.

Chloe se quedó sola de nuevo. Sus sospechas se habían reducido un poco, pero el peso en su corazón no desaparecía.

—Solo necesito ir al baño, lavarme la cara y salir de aquí —se dijo.

Caminó por el pasillo lateral buscando el área de descanso. Al llegar a la puerta del baño de damas, se detuvo para contar hasta diez.

Estaba a punto de entrar cuando escuchó voces desde el interior. Eran empleadas de la empresa, y el tono de la charla la hizo congelarse.

—Te digo que es obvio —decía una voz joven—. Julian ni siquiera trata de ocultarlo ya. ¿Viste cómo la miraba cuando Amber le arreglaba la corbata?

—Lo que no entiendo es cómo Chloe puede ser tan ciega —respondió otra con burla—. Todo el mundo sabe que ese viaje a Chicago del mes pasado fue una luna de miel para ellos. Se quedaron en la misma suite.

Chloe sintió que el suelo desaparecía. El aire frío pareció congelar su sangre.

—Pobre —continuó la primera—. Ella cree que sigue siendo la reina, pero Julian ya le puso la corona a otra. Amber es la que realmente manda. Es cuestión de tiempo para que se deshaga de la esposa.

Chloe apretó los dientes. El rastro de duda se evaporó, reemplazado por una furia ardiente. No era paranoia; era una realidad brutal que todos conocían, menos ella. Sintió un impulso recorriéndole las venas.

Ya no era vulnerable; era una mujer traicionada empujada al abismo. Con un movimiento brusco, empujó la puerta de par en par. Las mujeres dentro se sobresaltaron al ver el reflejo de la esposa del jefe, con una expresión que prometía una tormenta de fuego.
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AmaranthaxA veces pienso que así es la vida.
AmaranthaxChloe no te dejes.
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