—Señor, debe calmarse... —murmuró el asistente.
—¡No me pidas que me calme! —rugió McNamara, caminando de un lado a otro—. ¡Era el plan perfecto! Íbamos a arrancar de raíz ese maldito proyecto y dejar a Chloe llorando sobre los escombros. ¡Y otra vez ese imbécil se mete en mi camino!
Christopher apr