—¡Al fin llegas! —dijo Beatrice, riendo—. Ya pensábamos que te habías quedado en la oficina y que nos íbamos a morir de hambre aquí en el parque.
Ethan se rió, una carcajada profunda que hizo eco en el aire tranquilo de la tarde. Se agachó con agilidad y dejó la cesta sobre la manta antes de sentars