Mark lo miró con una mezcla de lástima y hastío. No podía seguir callándose.
—¿Quieres que sea sincero contigo? Eres un imbécil, Julian. Un completo y absoluto imbécil —soltó Mark sin anestesia—. Tuviste a la mujer más increíble de Nevada. Una mujer que te construyó el imperio, que te amó cuando no