Cap. 44: Una infiltrada en casa de los Bellucci.
Vittoria se quedó inmóvil por un instante, aunque una sombra de sorpresa cruzó su rostro antes de recuperar la compostura.
—¿Propasarse? —preguntó con un tono que intentaba ser neutral pero que reflejaba un interés evidente.
—Sí —continuó Renata, su tono firme pero sin perder la cortesía—. Aprovechó un momento de debilidad, cuando sufría un ataque de claustrofobia en el elevador. Me besó sin mi consentimiento.
La expresión de Vittoria se endureció ligeramente, aunque no necesariamente por indig