Sonriendo con ira contenida, Samuel respondió:
—Mi chica también está ahí.
Al oír esas palabras, Robert mostró la misma expresión que Samuel.
Eran como dos leones enfrentados, dispuestos a luchar por su territorio hasta que uno cayera.
Afortunadamente, el sentido común aún no los había abandonado por completo. Ambos sabían que había una mujer esperando ser rescatada.
Mientras Samuel solo iba acompañado por Neil, Robert había llegado con dos hombres de traje impecable. Eran abogados de