Neil tragó saliva. Había visto con sus propios ojos cómo Celeste salvaba la vida del señor Lynn esa mañana, con una calma y habilidad que ningún médico común podría tener.
Aquella mujer definitivamente no era ignorante ni fea.
Pero no se atrevió a comentarlo. Sabía que si hablaba más de la cuenta, su jefe podría perder la paciencia en cualquier momento.
Neil hojeó rápidamente las últimas páginas.
—No hay mucha información sobre ella, señor. La mayoría del reporte se centra en… rumores s